es importante comprender que un bebé se considera prematuro cuando nace antes de las 37 semanas de gestación, lo que significa que algunos órganos y sistemas aún no han terminado su desarrollo dentro del útero y necesitan apoyo especializado desde el primer momento de vida. Los bebés prematuros pueden clasificarse según el grado de prematuridad, ya sea tardía, moderada, muy prematura o extremadamente prematura, y cada una de estas etapas implica distintos retos de salud.
Debido a que sus pulmones, sistema inmunológico y capacidad de regular la temperatura corporal pueden estar inmaduros, estos bebés pueden requerir cuidados intensivos neonatales, apoyo respiratorio, monitoreo de la alimentación y protección contra infecciones.
Hoy en día, gracias a los avances de la neonatología moderna, muchos bebés prematuros superan estas dificultades y pueden crecer y desarrollarse saludablemente, aunque esto a menudo requiere un seguimiento médico cercano y apoyo tanto clínico como emocional para las familias.
No es una situación sencilla para una mujer salir de un hospital recién convertida en madre y sin ningún hijo en brazos, cuando el bebé ha quedado en cuidados intensivos sin certeza de cuánto tiempo permanecerá allí ni bajo qué circunstancias. Tampoco lo es para los padres enfrentar, de un día para otro y sin previo aviso, la responsabilidad total del hogar mientras atraviesan la incertidumbre y la espera.
Resulta comprensible que muchas madres observen con melancolía y tristeza a quienes caminan con sus hijos grandes y sanos en brazos, mientras ellas, con el corazón fragmentado en múltiples partes, buscan ropa de prematuro o biberones diminutos para esos pequeños seres que, sin otra alternativa, debieron quedar bajo el cuidado de personal especializado —aunque desconocido— en una unidad de cuidados intensivos. Allí permanecen conectados a respiradores, monitores de saturación, sondas nasogástricas, antibióticos y sueros en pies y manos, que apenas permiten apreciar los pequeños pero vivaces ojos de esas criaturas que, en realidad, representan un verdadero milagro.
Aun así, es posible sobrellevarlo.
Es posible resistir las noches en vela pensando en lo que informará el pediatra al día siguiente, en si será necesario realizar algún procedimiento médico, o en cómo reunir los recursos para afrontar las elevadas cuentas hospitalarias.
Es posible llegar a casa y ver la ropa pequeña sin uso o la cuna aún vacía, sin perder la esperanza.
Cada día puede traer una noticia pequeña pero significativa: unos gramos más de peso, algunos mililitros adicionales de fórmula ingeridos con éxito. Y eso marca la diferencia.
Con el tiempo, como suele decirse, después de la tempestad llega la calma. No se trata de dejar de desvelarse, sino de hacerlo ahora con el niño o la niña en brazos.
Se trata de descubrir que siempre aparecen manos solidarias, que de formas inesperadas las cuentas se saldan, y que poco a poco se hacen evidentes los grandes cambios: manos que crecen, piernas que se fortalecen, ojos más atentos y un peso que aumenta día a día. Finalmente, llega el momento de verlos sanos y de sentir que todo lo vivido fue una pesadilla superada, mientras comienza una etapa nueva y esperanzadora.
La recompensa es grande, la esperanza permanece y la fe sostiene incluso en los momentos más difíciles
Tips:
No es recomendable comprar demasiada ropa pequeña para bebé, ya que se utiliza poco; sin embargo, sí es importante adquirir ropa abrigadora, pues los bebés prematuros necesitan conservar mejor el calor corporal.
En caso de haber tenido un parto prematuro y considerar un nuevo embarazo, existe la posibilidad de que vuelva a presentarse esta condición; por ello, es aconsejable planificar adecuadamente y, de ser posible, contar con un seguro médico que cubra complicaciones del recién nacido, lo cual puede representar un gran apoyo económico.
Si el embarazo ya está avanzado, conviene descansar ante señales de agotamiento, evitar cargar a otros niños, no realizar ejercicios pesados y cuidarse de manera integral; unos días de reposo pueden prevenir meses de visitas a cuidados intensivos.
No debe existir sentimiento de culpa, ya que las causas de un parto prematuro pueden ser diversas; es más útil enfocarse en soluciones y mantener una actitud mental positiva.
Mantener una alimentación adecuada es fundamental, ya que el bebé lo agradecerá.
Si, pese a todos los esfuerzos, no se produce leche materna, puede considerarse el uso de fórmula; aunque no sea lo ideal, siempre será mejor que no recibir alimentación.
La tranquilidad es clave: los bebés prematuros suelen recuperarse rápidamente cuando reciben los cuidados adecuados.
Mantener la fe y la confianza permite recordar que no se presenta una carga mayor a la que se puede soportar.










