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Esos odiosos, pero inevitables accidentes

Lo ideal en la vida sería no tener que ver nunca a los hijos sufrir un golpe; sin embargo, por más cuidados que se implementen —protegiendo muebles con foami, asegurando esquinas, cubriendo tomacorrientes, vigilando constantemente, utilizando calzado adecuado, colocando alfombras o pisos antideslizantes—, la realidad es que tarde o temprano puede presentarse una situación inesperada que requiera una visita al hospital por una frente abierta, un brazo fracturado o un diente partido. Resulta sorprendente todo lo que puede ocurrir en cuestión de un minuto.

Ante estas circunstancias, lo primero es asumir que existen situaciones inevitables. Si bien es indispensable cuidar, prevenir y hacer todo lo humanamente posible, también es necesario aceptar que algunos accidentes simplemente suceden. Esta idea puede ser difícil de asimilar, especialmente para una madre, quien naturalmente buscará explicaciones detalladas de lo ocurrido; sin embargo, en ocasiones no existen respuestas claras.

Existen momentos que quedan profundamente marcados en la memoria familiar, como aquellos en los que un hijo sufre un golpe importante.

Aun cuando el cuidado ha sido constante y responsable, basta un segundo para que ocurra un accidente que deje huellas visibles y una gran carga emocional.

Golpes que derivan en hematomas, heridas abiertas o suturas son experiencias que ponen a prueba la fortaleza emocional de los padres y cuidadores.

La atención en una sala de emergencias, el ver cómo se atiende médicamente a un hijo y la espera posterior generan una mezcla de angustia, impotencia, tristeza y miedo difícil de describir.

Ser padre o madre no implica únicamente acompañar en los momentos felices, sino también estar presente en los más difíciles: tomar la mano del hijo, abrazarlo, darle seguridad y transmitir calma, incluso cuando la incertidumbre es grande. Aun sin tener todas las respuestas, la contención emocional y la confianza son esenciales para atravesar estas situaciones con esperanza.

Tips:

  • Mantener las llaves siempre a la mano para cualquier emergencia; colocarlas en un lugar visible, fuera del alcance de los niños.

  • Conocer si el niño o la niña es alérgico(a) a algún medicamento o sustancia, ya que es una de las primeras preguntas en el hospital.

  • No abandonar al hijo(a) durante la atención médica, siempre que sea permitido; el contacto visual y la presencia brindan seguridad.

  • Aceptar ayuda de familiares, amigos o vecinos de confianza, evitando apoyo de desconocidos y manteniendo la calma.

  • Contar, en la medida de lo posible, con una tarjeta de crédito habilitada o algún ahorro destinado a emergencias médicas.

  • Identificar y minimizar riesgos en el hogar, como filos de muebles, esquinas, tomacorrientes, objetos punzantes, líquidos tóxicos, medicamentos, armas, materiales inflamables o mascotas agresivas.

  • No reutilizar envases de productos comestibles para almacenar sustancias tóxicas, ya que los niños no distinguen la diferencia.

  • Familiarizar a los niños con las mascotas y supervisar el juego para prevenir reacciones agresivas.

  • Mantener los números de emergencia en marcado rápido en el teléfono, ya que en situaciones de estrés la memoria puede fallar.

  • Evitar dejar a niños a cargo de otros niños.

  • Tener a la mano una bomba de succión nasal e hisopos en hogares con niños pequeños, para casos de atragantamiento.

  • Guardar los medicamentos en cajas que los niños no puedan abrir.

  • Si se poseen armas, mantenerlas descargadas, en estuches seguros y fuera del alcance de los niños.

  • Al cocinar, evitar dejar las manijas de los sartenes hacia afuera, utilizar las hornillas internas y no colocar vasos de vidrio o cuchillos en los bordes de los muebles.

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